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La primavera está asustada y vestida de otoño para despistar las vacaciones de playa y sol. Los termómetros descompensados han derretido el asfalto y dejado al silencio con ganas de contarlo todo.
El asedio de palabras escritas se ha borrado del juego de niños y ahora vamos a todo correr, desnudos, cruzando las avenidas sin darnos cuenta si hay que ceder el paso. Arrasamos el civismo para volvernos instinto, y la sonrisa se ha quedado a vivir en mi caja de pandora. Me siento en un equilibrio propio de mi signo zodiacal, aunque me parece que siempre ha sido la nota disonante de mi otro yo.
Se me había olvidado que mis ojos siguen siendo fondo de mares. Noto la fuerza, las mareas, las cadencias de la cadera en el baile.
Llena de vida me ha asomado a tus vértigos, y me he quedado asombrada de lo poco que ocupaban tus recuerdos. No llenas apenas el pequeño macetero donde escondí bajo cemento aquella semilla que no paraba de germinar adicciones a ti. Me reconforta saberte tan lejos, cada vez más lejos. Creo que en realidad, ni siquiera fuiste ni exististe. Quizás fuiste un mal sueño, así que deja de pensar que lo que durante este año he ido escribiendo formaba parte de tu vida o tus recuerdos. Nunca hablaba de ti. Nunca hablo de ti. Los sueños si los cuentas no se cumplen. Por eso del tuyo, silencio mudo. No quiero que regreses. Jamás.
Perdona, no hablaba contigo, a ti que cuando te has ido al otro lado del charco, te he citado en las murallas. De ese reencuentro estoy en estado de paz. Sólo creo que nos equivocamos en buscarnos como fuimos, y no ser capaces de encontrarnos como somos. Cuando lo asumamos, volverán los cantos de chocolate y dulce a pasearse por nuestro vicio. Me has dado una tregua en la bandeja de entrada, pero sigo mirando, porque en los descansos se recobran fuerzas y ganas.
Me he vuelto a encontrar con un pupitre y una silla en la que estiro las piernas mientras estudio, porque apenas me caben debajo. Cuando era txiki, odiaba las mesas tan pequeñas. De mayor, me parece entrañable. He vuelto para seguir peleando. El esfuerzo creo que ha dado jugosas recompensas. Reto superado.
Me está costando aclararme con la paleta de colores. Este último arco iris hace que me enganche a todos los colores que están en juego. Me sienta bien hasta mojarme por los charcos. La positividad devuelve una frescura perdida, y aquellos nubarrones no empañan ni el horizonte de suspiros, que de tanto soplarlos, no puedo alcanzarlos.
Sigo teniendo la sensación del privilegio en tu boca. La mía ya sabes cómo vive.
La guitarra está ágil y divertida cuando me acompaña el cajonero moreno, y me inyecta una dosis de vida con su percusión no siempre controlada. Preparando un lío en plena calle con chupitos de tequila. Prometemos volver y venganza. Me diviertes tanto.
He comprado en el bazar de mis caprichos una mecedora para colgarla de tu rincón hasta el mío. Siempre hay hueco para dos, aunque también a solas le he pillado el suave ritmo de ida... y vuelta... Veo las estrellas mejor cuando estoy contigo, aunque tenga los ojos cerrados.
Llegar a tal éxtasis de entendimiento me mantiene ensimismada.
Llegará al mar, y llegará con una sirena que jamás volverá estar varada.
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